Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, se declaró "prisionero de guerra" tras entrar el lunes a un tribunal de la ciudad de Nueva York para su lectura de cargos. La dramática escena se desarrolló cuando el sonido de los grilletes precedió la entrada de Maduro, donde se dirigió a una sala llena de reporteros y miembros del público, afirmando que había sido "secuestrado".
El juez Alvin Hellerstein, de 92 años, inmediatamente le pidió a Maduro que confirmara su identidad para comenzar los procedimientos. Maduro respondió en español, declarando: "Soy, señor, Nicolás Maduro. Soy presidente de la República de Venezuela y estoy aquí secuestrado desde el 3 de enero. Fui capturado en mi casa en Caracas, Venezuela". Sus palabras fueron luego traducidas para el tribunal. El juez Hellerstein interrumpió rápidamente, afirmando que habría un momento más apropiado para discutir los detalles de su captura.
La lectura de cargos de 40 minutos se llevó a cabo con Maduro y su esposa, Cilia Flores, presentes. Los cargos contra Maduro provienen de una acusación de larga data por parte del gobierno de Estados Unidos, acusándolo de narcotráfico y corrupción. Estos cargos son parte de un esfuerzo más amplio de Estados Unidos para presionar a Maduro para que renuncie al poder, en medio de una grave crisis económica y política en Venezuela.
Venezuela ha estado sumida en la agitación durante años, marcada por la hiperinflación, la escasez de productos básicos y un éxodo masivo de sus ciudadanos. El gobierno de Maduro ha sido acusado de abusos contra los derechos humanos y de socavar las instituciones democráticas. Estados Unidos, junto con muchos otros países, no reconoce a Maduro como el presidente legítimo de Venezuela, sino que reconoce al líder opositor Juan Guaidó, aunque la influencia de Guaidó dentro de Venezuela ha disminuido en los últimos años.
La situación se complica aún más por la participación internacional, con países como Rusia y China apoyando al gobierno de Maduro, mientras que Estados Unidos y muchas naciones europeas respaldan a la oposición. Esta dinámica geopolítica añade otra capa a la crisis, lo que dificulta aún más la consecución de una resolución. Se espera que los procedimientos legales en Nueva York sean largos y complejos, con posibles implicaciones para el futuro de Venezuela y su relación con la comunidad internacional. Los próximos pasos en el caso no quedaron claros inmediatamente después de la lectura de cargos.
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